Señoras y señores, la política española no perdona la tibieza, y hoy el Partido Popular ha recibido una bofetada en plena cara que resuena desde las juventudes hasta las cúpulas.
Carlo Giacomo Angrisano Girauta —sí, sobrino del eterno Girauta, ese camaleón que pasó por maoístas, socialistas, populares y naranjas antes de aterrizar en Vox cobrando como eurodiputado— ha presentado su dimisión como secretario general de Nuevas Generaciones. No se ha conformado con renunciar al cargo: ha solicitado la baja como afiliado y, en un vídeo que ya acumula miles de reproducciones, ha pedido explícitamente el voto para Vox. Las palabras son un puñal: “El PP ha dejado de defender los valores por los que nos afiliamos la mayoría de nosotros”.
No es un militante de base enfadado. Era el número dos de la organización juvenil nacional, cargo que ocupaba desde 2021. Fuentes del PP lo despachan con frialdad: llevaba años fuera de España, sin presencia real, en una especie de interinidad perpetua. “Dimite antes de que le dimitan”, susurran en Génova. Pero el daño está hecho. En un momento en que Feijóo y compañía intentan recomponerse tras bloqueos autonómicos, fugas de votos a la derecha y la sombra permanente de Vox, perder al responsable de captar y formar a la cantera es un golpe bajo.
NNGG, esa maquinaria que debería ser el vivero de futuros cargos, se revela como un polvorín de descontento.
Las reacciones no se han hecho esperar. En el ecosistema popular, silencio oficial y críticas soterradas. Algunos lo tachan de traidor familiar, recordando el historial de su tío. Otros, en privado, admiten que el diagnóstico duele: el PP ha virado hacia la moderación pactista, hacia el miedo a perder el centro, hacia el “no se puede gobernar solo con Vox”. Y mientras, la base más ideológica, la que votó en 2019 por un PP duro contra Sánchez, se siente estafada.
En X, @javionsalo —uno de los altavoces más potentes de la derecha sin complejos— aplaude con las dos manos: “Lo que muchos llevábamos diciendo tanto tiempo sobre el PP cada vez lo sabe más gente. Hay cientos de miembros de NNGG que piensan igual que él, pero que no tienen el valor de admitirlo. Rectificar es de sabios. Honor”. Del otro lado, Vox celebra sin disimulo. Figuras como @PabloHGconde felicitan el paso y recuerdan que el PP lleva años “engañando a sus votantes e incumpliendo sus programas”. Para Abascal y los suyos, esto es oro: un cargo orgánico del PP que cruza la línea roja y les legitima como la única derecha sin miedo. No es la primera deserción, pero sí la más simbólica desde las juventudes.
Y luego está el ruido más crudo. En las trincheras populares, hay quien no se contiene: “Nuevas Generaciones es el cáncer del PP. Está lleno de TREPAS! No se salva ni uno!”. Lo dice @davidceyeme, pero lo suscriben muchos que ven en NNGG un nido de trepas y enchufados más preocupados por el cargo que por las ideas. Mención especial a @martinigmzz, que ironiza: siguiendo los pasos de su tío, cesado hace meses, pidió ir en listas europeas y le dijeron que no. Cosas que pasan. El sustituto perfecto, según algunos, ya está en la recámara: @Idancausa.
El PP, señores, está en crisis de identidad profunda. Feijóo quiere ser el gran moderado, el estadista, el que pacta con quien sea para gobernar. Pero cada vez que modera, pierde pedazos: primero los ultras, ahora los jóvenes radicales. Vox, por su parte, se crece: sin complejos, sin pedir perdón, defendiendo España “sin miedo”, como dice Carlo. El mensaje cala en una derecha que está harta de tibiezas.
¿Es esto el principio de una fuga masiva? No lo sabemos. Pero sí sabemos que cuando la cantera se rebela, el árbol se tambalea. El PP ha perdido hoy no solo a un secretario general, sino credibilidad entre los que deberían ser su futuro. Y Vox ha ganado un relato: el PP abandona sus valores, Vox los recoge. Duro, cruel, pero real.
Mientras Génova calcula daños colaterales, Carlo Angrisano ya ha elegido bando. Y en política, como en la vida, quien no defiende lo suyo termina defendiendo lo ajeno. O nada. El PP, por ahora, defiende poco. Y sangra.
Carlo Giacomo Angrisano Girauta —sí, sobrino del eterno Girauta, ese camaleón que pasó por maoístas, socialistas, populares y naranjas antes de aterrizar en Vox cobrando como eurodiputado— ha presentado su dimisión como secretario general de Nuevas Generaciones. No se ha conformado con renunciar al cargo: ha solicitado la baja como afiliado y, en un vídeo que ya acumula miles de reproducciones, ha pedido explícitamente el voto para Vox. Las palabras son un puñal: “El PP ha dejado de defender los valores por los que nos afiliamos la mayoría de nosotros”.
No es un militante de base enfadado. Era el número dos de la organización juvenil nacional, cargo que ocupaba desde 2021. Fuentes del PP lo despachan con frialdad: llevaba años fuera de España, sin presencia real, en una especie de interinidad perpetua. “Dimite antes de que le dimitan”, susurran en Génova. Pero el daño está hecho. En un momento en que Feijóo y compañía intentan recomponerse tras bloqueos autonómicos, fugas de votos a la derecha y la sombra permanente de Vox, perder al responsable de captar y formar a la cantera es un golpe bajo.
NNGG, esa maquinaria que debería ser el vivero de futuros cargos, se revela como un polvorín de descontento.
Las reacciones no se han hecho esperar. En el ecosistema popular, silencio oficial y críticas soterradas. Algunos lo tachan de traidor familiar, recordando el historial de su tío. Otros, en privado, admiten que el diagnóstico duele: el PP ha virado hacia la moderación pactista, hacia el miedo a perder el centro, hacia el “no se puede gobernar solo con Vox”. Y mientras, la base más ideológica, la que votó en 2019 por un PP duro contra Sánchez, se siente estafada.
En X, @javionsalo —uno de los altavoces más potentes de la derecha sin complejos— aplaude con las dos manos: “Lo que muchos llevábamos diciendo tanto tiempo sobre el PP cada vez lo sabe más gente. Hay cientos de miembros de NNGG que piensan igual que él, pero que no tienen el valor de admitirlo. Rectificar es de sabios. Honor”. Del otro lado, Vox celebra sin disimulo. Figuras como @PabloHGconde felicitan el paso y recuerdan que el PP lleva años “engañando a sus votantes e incumpliendo sus programas”. Para Abascal y los suyos, esto es oro: un cargo orgánico del PP que cruza la línea roja y les legitima como la única derecha sin miedo. No es la primera deserción, pero sí la más simbólica desde las juventudes.
Y luego está el ruido más crudo. En las trincheras populares, hay quien no se contiene: “Nuevas Generaciones es el cáncer del PP. Está lleno de TREPAS! No se salva ni uno!”. Lo dice @davidceyeme, pero lo suscriben muchos que ven en NNGG un nido de trepas y enchufados más preocupados por el cargo que por las ideas. Mención especial a @martinigmzz, que ironiza: siguiendo los pasos de su tío, cesado hace meses, pidió ir en listas europeas y le dijeron que no. Cosas que pasan. El sustituto perfecto, según algunos, ya está en la recámara: @Idancausa.
El PP, señores, está en crisis de identidad profunda. Feijóo quiere ser el gran moderado, el estadista, el que pacta con quien sea para gobernar. Pero cada vez que modera, pierde pedazos: primero los ultras, ahora los jóvenes radicales. Vox, por su parte, se crece: sin complejos, sin pedir perdón, defendiendo España “sin miedo”, como dice Carlo. El mensaje cala en una derecha que está harta de tibiezas.
¿Es esto el principio de una fuga masiva? No lo sabemos. Pero sí sabemos que cuando la cantera se rebela, el árbol se tambalea. El PP ha perdido hoy no solo a un secretario general, sino credibilidad entre los que deberían ser su futuro. Y Vox ha ganado un relato: el PP abandona sus valores, Vox los recoge. Duro, cruel, pero real.
Mientras Génova calcula daños colaterales, Carlo Angrisano ya ha elegido bando. Y en política, como en la vida, quien no defiende lo suyo termina defendiendo lo ajeno. O nada. El PP, por ahora, defiende poco. Y sangra.
