Hace apenas unas semanas pudimos presenciar la intervención ocurrida en Venezuela el 3 de enero, donde los Estados Unidos bombardearon Caracas y arrestaron al dictador Nicolás Maduro, quien gobernaba de forma ilegítima el país tras su derrota electoral el 28 de julio de 2024. Esta situación se puede definir como el uso de la violencia para derrocar a un tirano como era Nicolás Maduro en Venezuela. Muchos han recibido esto como una gran noticia a celebrar; sin embargo no ha sido la única reacción.
Una parte de la izquierda ha respondido negativamente, con alegaciones (de forma explícita o implícita) sobre la violación del derecho internacional, incluyendo a altos mandatarios de diversos países y de organizaciones y entidades supranacionales. No obstante, las críticas no sólo se han originado desde la izquierda, sino que también de algunos círculos de liberales, libertarios y algún que otro tradicionalista.
Esta reacción de estos últimos grupos me sorprendió genuinamente, aunque más me sorprendió uno de los argumentos que utilizaban para oponerse o, como mínimo, ver con malos ojos esta intervención de los Estados Unidos en Venezuela. El argumento en cuestión surge en respuesta a aquellas personas que vemos con buenos ojos la captura de Maduro por parte de la Delta Force, justificando estas acciones en que, al fin y al cabo, el dictador venezolano cumple los requisitos para poder ser considerado como un tirano según la definición de Juan de Mariana en obras como de Rege et Regis institutione. Los detractores a este argumento sostienen que Juan de Mariana no habría estado de acuerdo en la intervención de una potencia extranjera en un tercer país por mucho que resultara en el derrocamiento de un tirano, calificando por lo tanto de incorrectas las alusiones a favor de lo ocurrido el 3 de enero que tengan base en la filosofía de este pensador.
Estas personas críticas argumentan que realmente la lógica de Juan de Mariana no es aplicable en este caso debido a que consideran que sus tesis sólo son aplicables hacia el pueblo; es decir, solo es el pueblo (venezolano en este caso) el legitimado para derrocar a un tirano. Sin embargo, aunque puedo entender el motivo que lleva a pensar de esta manera, no puedo compartirla y solo puedo oponerme a esta forma de aplicar los pensamientos de Juan de Mariana en un contexto contemporáneo como el nuestro.
Debemos recordar que el derecho del pueblo a oponerse a un tirano proviene de la autoridad legítima del derecho de defensa contra un gobernante que ha devenido en enemigo público tras intentos de apaciguamiento, avisos y otras formas de recuperar el pacto social y político quebrantado por el gobernante. Esto se traduce en que el tiranicidio que defiende Juan de Mariana viene justificado en la legítima defensa de los pueblos frente a dirigentes que deciden oprimir a sus ciudadanos y abusar de sus poderes, siendo esa legítima defensa la clave del tiranicidio ante un mandatario que ya no vela por el bien de los gobernados, sino por su propio beneficio o actúa con pura crueldad.
Esto personalmente me lleva a pensar que, precisamente por esto, el derecho al tiranicidio no reside únicamente en el pueblo, sino que reside en cualquiera que quiera acabar con el tirano, pudiendo entrar en juego la legítima defensa de terceros donde un tercer actor que aun siendo ajeno al conflicto, decide intervenir para buscar que acabe esa injusticia y prevenir un mal mayor hacia el inocente indefenso que está siendo agredido. Es en este tipo de supuestos donde me gustaría hacer la analogía con los escenarios de tiranicidio, donde un pueblo inocente e indefenso por culpa del nivel de opresión no puede hacer frente a su tirano por incapacidad material, donde si un tercer actor no interviniera, estarían condenados a la tiranía perpetua ante la imposibilidad de plantar cara al poder ilegítimo que ejerce este gobernante. Sin embargo, con una intervención de una nación extranjera que busque restaurar el buen orden de la comunidad, acabando así con los excesos y opresión del gobernante ilegítimo, este pueblo puede tener una oportunidad de volver a disfrutar de las libertades arrebatadas por el déspota.
Cuando un pueblo está completamente neutralizado, suele tener únicamente dos opciones por sí mismo: la sumisión o el autoexilio, teniendo como resultado en ambos casos la continuación de la tiranía. Cuando no hay forma posible de acabar con el tirano por parte del pueblo, ya sea a título individual por un ciudadano o el propio pueblo organizado, considero que, como comenté antes, una intervención extranjera podría estar más que justificada para proteger a los ciudadanos que sufren los abusos de poder de su propio gobernante.
Para ilustrar mejor esto, me gustaría poner un ejemplo, supongamos que en Portugal existiera un gobierno dictatorial que se hubiera dedicado en los últimos años a hacer persecuciones y encarcelamientos de carácter político, asesinatos de manifestantes y disidentes y la supresión de todo tipo de libertades; un gobierno que además hubiera conseguido que el pueblo portugués no tuviera forma posible de rebelión contra este gobierno tiránico. ¿No sería un deber moral intervenir para liberar a los portugueses de esta carga? Ante una situación donde los propios portugueses no tienen forma de defenderse ni de responder contra estos abusos, ¿no podría considerarse un tipo de omisión de socorro el hecho de no buscar la forma de ayudarles de una forma directa? ¿no estaríamos legitimados para intervenir si buscamos liberar a un pueblo que se encuentra completamente anulado? Con esto no quiero decir necesariamente el hecho de entrar en una guerra contra el país, pero sí podría hacerse algo similar a lo ocurrido el 3 de enero en Venezuela: una operación rápida para eliminar a los principales cabecillas de una tiranía, de tal forma que no puedan surgir nuevos líderes injustos que quieran seguir oprimiendo al pueblo.
Con esto, por supuesto, no quiero decir que la intervención de los Estados Unidos en Venezuela tenga este objetivo, ni siquiera el hecho de que lo tenga como consecuencia secundaria indirecta, pero sí que me ha hecho reflexionar sobre el fondo del debate en cuanto a la legitimidad del tiranicidio por una nación extranjera. Espero que, estéis de acuerdo o no con las ideas aquí expresadas, hayáis disfrutado leyendo mi corta reflexión y que os haya entretenido. Os deseo a todos los lectores un feliz inicio de año 2026.
